El BRICS: (re)pensando las posibilidades de un equilibrio cooperativo en el escenario internacional entre países en vía de desarrollo.

Por: Lic Mario Guerrero

La literatura politológica dedicada al estudio de las instituciones internacionales es muy prolifera (Cox & Jacobson, 1973; Hass, 1964; Keohane & Nye, 1989; Martin & Simmons, 1998; Simmons & Hopkins, 2005). Sin embargo, la mayor crítica de sus detractores remite al hecho de que dicha literatura muchas veces considera a las instituciones internacionales como sinónimo de organizaciones internacionales y que presenta una falta de consideración por el estudio de todas aquellas instituciones internacionales informales que se encuentran en una constante interacción con las instituciones formales (Albaret, 2013; Reinalda, 2013; Simmons & Martin, 2002). En otras palabras, mucho se ha discutido respecto de las grandes instituciones internacionales como ONU, FMI u OTAN, pero poco se ha discutido sobre el surgimiento de nuevas instituciones internacionales que presentan altos niveles de informalidad, flexibilidad y con horizontes temporales difusos (Albaret, 2013).

En términos históricos, la particularidad de estas nuevas instituciones es que surgieron en tiempos de coyunturas críticas que pusieron en tela de juicio el poder de los Estados victoriosos según Ikenberry (2001). El atentado a las torres gemelas en el año 2001, la consolidación de grandes organizaciones terroristas como actores internacionales o la crisis económico financiera de los años 2008-2009, generaron un clima propicio para el despliegue de nuevos comportamientos en el escenario internacional debido a que el régimen de incentivos se vio modificado al ponerse en
tela de jucio la unipolaridad del régimen internacional nacido luego de la Guerra Fría. En este marco, instituciones informales como el BRICS, el G20, o el P5+1, se caracterizan por surgir por fuera del entramado institucional formal existente y por tener como principales ingenieros institucionales a países emergentes o en desarrollo (Alba, 2016; Guerrero, 2017a, 2017b; Patiño Villa, 2012).

El BRICS es un claro ejemplo de todo lo descrito hasta el momento. Surgido como una
buzz-word a comienzos del siglo XXI e hijo de una de las financieras más grandes del mundo, el acrónimo BRICS logró posicionarse con fuerza entre los especialistas en gobernanza internacional como la gran promesa del nuevo siglo. En primera instancia, dicho acrónimo sólo aglutinaba a cuatro países en desarrollo (Brasil, China, India y Rusia) que prometían presentar para los próximos 50 años un fuerte y constante crecimiento económico que les permitiría superar para el año 2050
a las economías conjuntas del G6. Y lo lograron. Si tomamos en consideración los valores proyectados por Wilson and Purushothaman (2003) para la tasa de crecimiento del PBI y los comparamos con los valores reales registrados por el Banco Mundial para el mismo período (2001 – 2007) podemos observar que el desempeño fue mayor al esperado (ver Gráfico 1).

Grafico 1

El mayor giro en la historia del acrónimo se dio con la crisis económico financiera del año 2008-2009. Siguiendo a Stuenkel (2015), el año 2008 fue bisagra en el proceso de desarrollo del BRICS debido a dos razones ocurridas en el contexto internacional. Por un lado, los países desarrollados se encontraron en crisis, demostrando serias dificultades para dar respuesta a los efectos de la misma. Por otro lado, los países emergentes, si bien sintieron los efectos de la crisis en sus niveles de crecimiento económico, estos lograron presentar niveles de crecimiento estables dentro de las posibilidades que ofrecía el contexto. Como consecuencia, se produjo una crisis de
legitimidad en el sistema financiero mundial que obligó al G8 a abrir el juego hacia los países emergentes a fin de encontrar soluciones más efectivas a los desequilibrios financieros experimentados hasta el momento. Es aquí cuando, en la cumbre de Londres celebrada en 2009, el G20 se consolida como el “foro principal” en la toma de decisiones e implementación de decisiones en materia financiera mundial, como había sido sugerido por el grupo BRICS en su Comunicado de Horsham.

Es en dicho contexto que el año 2009 se presenta como momento clave en el despegue
institucional del BRICS. Los ministros de economía, en conjunto con los Jefes de Estado y de Gobierno de dichos países, demostraron gran habilidad en la coordinación y definición de principios rectores capaces de guiar las negociaciones del grupo con los países desarrollados en el área financiera internacional. Los resultados positivos de dicha cooperación generaron un “sentimiento de confianza” entre los países miembros que permitió pensar en llevar adelante un proceso de institucionalización de la cooperación que fuera más allá del área financiera, siendo que con el pasar del tiempo las condiciones iniciales que propiciaron este accionar conjunto se fueron
diluyendo hasta desaparecer sin afectar la confianza creada. Esto es un  comportamiento que se puede ver reflejado en el Gráfico 2.

Grafico 2

En dicho gráfico se puede observar cómo es que evolucionaron la cantidad total de
reuniones (formales e informales) realizadas en el ámbito del BRICS. Desde el año 2001 que se realizaron las primeras reuniones entre los países miembros hasta el año 2015 que se realizó la Cumbre VII, podemos advertir que tales reuniones al tiempo que se fueron aumentando y también se fueron diversificando. Para ser más exactos, para el año 2015, ya se habían realizado 61 reuniones ministeriales, distribuidas todas de la siguiente manera (Guerrero, 2017a): Ministerio de Agricultura (6); Ministerio de Ambiente (2); Ministerio de Salud (9); Ministerio Ciencia, Tecnología e Innovación (3); Ministerio de Cultura (1); Ministerio de Finanzas (14); Ministerio de Industria (2); Ministerio de Comercio (9); Ministerio de Educación (3); Ministerio de Exterior (12); y Autoridades de Migración (1). Estos números dan muestra de la capacidad que ha tenido la institución para ampliar sus bases de coordinación por fuera del tema que les dio origen. Tal vez el mayor logro del BRICS fue la creación del Nuevo Banco de Desarrollo. Dicho organismo es un banco internacional con representación igualitaria entre los miembros, el cual tiene como principal intención generar líneas de créditos a países en desarrollo respecto de áreas consideradas estratégicas por la institución como lo son las energías renovables.

Ahora bien, la pregunta que todos nos hacemos es ¿cuál/es son los desafíos que se le
presentan a esta institución? Muchos pueden ser enumerados, pero todos remiten a cuatro aspectos a) Homogeneidad de intereses entre los Estados miembro; b) Aumento sostenido de la interacción entre los mismos; c) Establecimiento de un sentimiento de confianza; d) Desarrollo de una capacidad institucional.

En lo que respecta a los puntos b) y c), el BRICS, como ya se vio, ha demostrado desde su nacimiento ser capaz de crear nuevos espacios de deliberación y de mantener en crecimiento constante sus áreas de trabajo. Mientras que los puntos a) y d) son los que mayores desafíos le presentan al grupo. La existencia de una homogeneidad de intereses entre los miembros es un elemento que ha sido largamente discutido (Armijo, 2007). Por un lado, la diversidad intragrupo de regímenes políticos (por ejemplo, el hecho de que Rusia y China sean considerados como autoritarios, en cuanto que Brasil, Sudáfrica e India son clasificados como democracias), los cambios de gobiernos experimentados (por ejemplo, la salida de Singh por Modi o el impeachment
de Rousseff) y ciertas rispideces históricas entre los países miembros (por ejemplo, el conflicto por Cachimira entre India y China) se presentan como potenciales puntos de disputa hacia el interior del grupo. Hasta el momento, tales elementos no se han presentados como disruptivos y los cinco miembros han logrado continuar por la senda de la negociación a pesar de sus adversidades internas. Sin embargo, el riesgo de los mismos sigue siendo latente ya que ninguno ha sido resuelto en su totalidad, y en ciertos casos (como lo es la estabilidad institucional brasileña) se ha observado una profundización.

Por otro lado, se presentan desafíos en lo que respecta a la mayor o menor capacidad de los Estados miembros de obtener los objetivos institucionales establecidos en el plan institucional originario. Esta última variable se mide según la capacidad de los Estados de profundizar el proceso de institucionalización mediante: 1) la creación de espacios institucionales de deliberación; 2) la creación de sistemas institucionales de información; y 3) la creación de un régimen institucional de incentivos (positivos y negativos). En conjunto, estas tres dimensiones permiten a las instituciones canalizar diversos conflictos o eventualidades que puedan llegar a atravesar a las mismas por medio de la constitución de consensos y dinámicas de cooperación. En lo que respecta al BRICS, si la institución incrementa sus canales de información, deliberación y logra constituir un régimen de incentivos (positivos y negativos) más amplios que le permita superar rápidamente su estructura informal vigente, la institución verá, por ejemplo, aumentadas sus probabilidades de resolución de conflictos aún vigentes entre algunos de sus miembros como lo son los problemas limítrofes entre China e India o de alcanzar los consensos necesarios que permitan la profundización de diversas políticas como lo es el ya mencionado Nuevo Banco de Desarrollo.

En lo que aquí respecta, y en términos de largo plazo, la mayor o menor probabilidad de observar un futuro proceso de institucionalización positivo en el BRICS dependerá de la mayor o menor capacidad que demuestren los cinco miembros de lograr un mayor desarrollo en la capacidad institucional. Debido a que hasta el momento, y más allá de las pequeñas transformaciones mencionadas anteriormente, tanto los puntos a), b) como c) se han mostrado constantes, lo que hace pensar que la observancia de un desarrollo positivo, negativo o estancado en el grupo dependerá de como se constituyan los tres espacios institucionales referidos a la discusión, información e
incentivos. En el corto plazo, se debe observar cómo se llevan adelante los diálogos centrales en la Cumbre de Johannesburgo a los fines de identificar cuáles son las decisiones que se toman en dicho marco y cómo es que se evalúan las actividades desarrolladas hasta el momento respecto de lo planificado. En conjunto, ambas dinámicas nos permitirán entender si el BRICS es un sueño o una realidad.

Bibliografía
Alba, A. (2016, marzo 11). Siria: la guerra que comenzó con un grafiti. El periódico. Recuperado a partir de http://www.elperiodico.com/es/internacional/20160311/siria-las-cinco-etapas-de-loscinco-anos-de-guerra-4964152

Albaret, M. (2013). Multilateralism under transformation. International organizations and “clubs”. En B. Reinalda (Ed.), Routledge Handbook of International Organization (pp. 512–523). New York: Routledge.

Armijo, L. E. (2007). The BRICs countries (brazil, russia, india, and china) as analytical category: mirage or insight? Asian Perspective, 31(4), 7–42.

Cox, R. W., & Jacobson, H. K. (1973). The Anatomy of Influence: decision making in international organization, by Robert W. Cox and Harold K. Jacobson, and [others]. Yale University Press New Haven.

Guerrero, M. G. (2017a). BRICS: proceso de institucionalización de un nuevo actor colectivo en el sistema internacional (periodo 2001 – 2015). Universidad Nacional de Cuyo.

Guerrero, M. G. (2017b). Congruencia del BRICS en la Agenda de Seguridad Internacional: El Caso Siria (periodo 2011 – 2015). Buenos Aires: XIII Congreso Nacional de Ciencia Política.

Hass, E. B. (1964). Beyond the Nation-State: Functionalism and International Organization. Stanford: Stanford University Press.

Ikenberry, G. J. (2001). After Victory: Institutions, Strategic Restraint, and the Rebuilding of Order after Major Wars (STU-Stud). Princeton University Press. Recuperado a partir de http://www.jstor.org/stable/j.ctt7t1s5

Keohane, R. O., & Nye, J. . (1989). Power and Interdependence. Glenview: Scott, Foresman and Company.

Martin, L. L., & Simmons, B. A. (1998). Theories and Empirical Studies of International Institutions. International Organization, 52(4), 729–757.https://doi.org/10.1162/002081898550734

Patiño Villa, C. (2012). De la bipolaridad al fracaso de la unipolaridad. Analecta política, 1(1 Jul-Dic), 33–61.

Reinalda, B. (2013). International Organizations as a field of research since 1910. En B. Reinalda (Ed.), Routledge Handbook of International Organization (pp. 1–23). New York: Routledge.

Simmons, B., & Hopkins, D. J. (2005). The Constraining Power of International Treaties: Theory and Methods. American Political Science Review, 99(4), 623–631.https://doi.org/10.1017/S0003055405051920

Simmons, B., & Martin, L. (2002). International Organizations and Institutions. En Handbook of International Relations (pp. 256–281). Londres: SAGE.

Stuenkel, O. (2015). The BRICS and the Future of Global Order. New York: Lexington Books.

Wilson, D., & Purushothaman, R. (2003). Dreaming with BRICs: The Path to 2050. Global Economics Paper, (99), 1–24.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s